Medida anti tecnica services
¿Eliminar los “services” en el Perú? Una medida anti técnica que puede debilitar la formalidad y afectar al consumidor
En el Perú se ha reactivado el debate sobre la eliminación o prohibición de los llamados “services”, es decir, los mecanismos de tercerización e intermediación laboral mediante los cuales una empresa contrata a otra para prestar determinados servicios especializados o complementarios.
La discusión no puede abordarse desde una perspectiva ideológica o coyuntural. Se trata de una decisión de política pública con efectos económicos profundos, especialmente en un país donde más del 70% de la fuerza laboral opera en la informalidad.
Desde la óptica de la defensa del consumidor y del funcionamiento eficiente del mercado —como promueve la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (ASPEC)— resulta indispensable analizar el impacto real de esta medida.
La carga laboral formal en el Perú: una estructura rígida y costosa
Las empresas formales en el Perú asumen una carga laboral significativa que incluye:
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Aportes obligatorios a EsSalud.
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Gratificaciones (julio y diciembre).
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Compensación por Tiempo de Servicios (CTS).
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Vacaciones pagadas.
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Asignación familiar.
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Seguro Complementario de Trabajo de Riesgo (cuando corresponde).
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Utilidades en determinados sectores.
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En la práctica, hasta 14 remuneraciones anuales en el caso de medianas y grandes empresas.
A ello se suman costos administrativos, fiscalizaciones, contingencias judiciales laborales y una alta litigiosidad.
El resultado es una estructura rígida que muchas veces dificulta la competitividad frente a operadores informales que no cumplen ninguna obligación.
Un sistema que exige, pero no responde con eficiencia
Uno de los puntos más sensibles del debate es el siguiente:
Las empresas y trabajadores formales pagan obligatoriamente por el sistema público de salud. Sin embargo, la calidad y capacidad resolutiva del sistema estatal —como el de EsSalud— enfrenta cuestionamientos recurrentes en tiempos de espera, infraestructura y acceso oportuno a servicios especializados.
Esto genera una paradoja estructural:
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El empleador paga.
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El trabajador aporta.
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Pero muchas veces ambos terminan recurriendo a seguros privados para obtener atención adecuada.
En la práctica, se paga doble: por el sistema obligatorio y por uno privado.
Si el Estado exige contribuciones obligatorias, lo técnicamente coherente es garantizar un servicio eficiente. Antes de imponer mayores cargas o eliminar mecanismos empresariales como la tercerización, corresponde revisar la eficiencia del gasto público y la calidad de los servicios ofrecidos.
Incluso sería razonable plantear que quienes legislan estas reformas utilicen de manera exclusiva los servicios estatales que obligan a financiar, como señal de coherencia y responsabilidad institucional.
¿Por qué las empresas recurren a los “services”?
La tercerización no surge como un mecanismo evasivo per se. Surge como respuesta a:
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Rigidez normativa.
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Elevados costos laborales no salariales.
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Alta exposición judicial.
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Necesidad de especialización.
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Competencia en mercados dinámicos.
En economías modernas, la tercerización permite que una empresa se concentre en su actividad principal y delegue actividades complementarias a operadores especializados.
Eliminar esta figura de manera general podría generar consecuencias no previstas:
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Reducción de contratación formal.
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Traslado de operaciones a la informalidad.
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Cierre de pequeñas y medianas empresas.
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Mayor desempleo.
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Menor competencia en el mercado.
Y cuando disminuye la competencia, el consumidor termina pagando más por menos.
Una medida anti técnica en un país con 70% de informalidad
En un país donde la informalidad supera ampliamente a la formalidad, las políticas públicas deberían orientarse a:
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Incentivar la formalización.
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Simplificar el régimen laboral.
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Reducir sobrecostos no salariales.
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Fortalecer la fiscalización contra la simulación laboral.
No a debilitar a quienes ya están dentro del sistema formal.
Prohibir los “services” sin distinguir entre tercerización legítima y fraude laboral puede convertirse en una medida anti técnica, con efectos contraproducentes:
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Se castiga al que cumple.
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Se fortalece indirectamente al informal.
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Se debilita la inversión.
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Se reduce la generación de empleo formal.
El impacto en el consumidor
La defensa del consumidor no se limita a sancionar cláusulas abusivas o prácticas comerciales desleales. También implica velar por mercados eficientes y competitivos.
Si se incrementan los costos estructurales empresariales sin una reforma integral del sistema laboral y de salud, el impacto puede traducirse en:
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Aumento de precios.
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Menor calidad de servicio.
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Reducción de oferta.
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Desincentivo a la inversión.
Un entorno económico menos dinámico afecta directamente el bienestar del consumidor.
Lo que debería discutirse realmente
El debate de fondo no es “services sí” o “services no”.
El debate técnico debería centrarse en:
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¿Cómo reducir la informalidad estructural?
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¿Cómo hacer eficiente el sistema público de salud?
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¿Cómo equilibrar protección laboral con sostenibilidad empresarial?
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¿Cómo evitar la simulación laboral sin eliminar herramientas legítimas?
Las reformas laborales deben basarse en evidencia económica y estudios de impacto, no en respuestas coyunturales.
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